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LA CENA DE EMPRESA

3 diciembre, 2017 | Blog | 0 comentarios | Autor:

En cuanto empieza diciembre siempre hay un día para la cena o comida de la empresa, para celebrar que el trabajo nos une y la Navidad nos reúne, y aunque está demostrado que el 37 % de las personas mete la pata en la cena de la empresa sigue acudiendo todo el mundo  porque es gratis y es el momento para ponerse su mejores galas (éste año el brilli hace furor).

El comienzo es tranquilo, como paga el jefe no hay mesura y mientras llega la gente una caña o un vinito, como somos tantos y la gente no suele ser puntual cuando nos sentamos a la mesa, 45 minutos después, ya está media empresa tostada.

Del menú no voy a hablaros porque es lo de menos, siempre congelados,  ya sentados, que esa es otra, te toca al lado el que menos te apetece, y un poco contentos  se habla de todo,  hasta de las verdades acerca de la empresa, que a más de uno que se pasa le llega la carta de despido como regalo de fin de año y en lo mejor cuando todos estamos más relajados e incluso disfrutando, llega el discurso del jefe, “contento….rendimiento….trabajando y blablabla..” el mismo de todos los años.

Y llega el momento de los postres y el anuncio de la barra libre, para mí el mejor, empiezan a salir: el que como cómo si no hubiera un mañana, rebañando los platos de los demás; el raro y tímido, que se levanta a bailar a lo Michael Jackson y resulta ser el alma de la fiesta y que ya no volverás a mirar igual ; el jefe buenrrollista que con el puntito querrá irse de fiesta con sus súbditos y acabaras en un karaoke, pero que al día siguiente será el mismo déspota de siempre; el pesado que si ya te persigue en la oficina imagina en la fiesta de la empresa, te trae una copa e intenta arrimar cebolleta y como estás animada y eres buena gente y a lo mejor has sido un poco bruja y mal pensada y estás de  fiesta te lanzas al perreo-perreo (tierra trágame); No podía faltar el payaso de la cena, chistes malos que no hacen gracia, un desastre en la pista y ese empeño en colocarse la corbata en la frente que lo único que provoca es que nos riamos de él; el que se trae a su pareja a las copas, algo que nunca he entendido, porque no vaya a ser que se líe con otra que en las cenas de empresa hay mucho guarrerismo; los que se lían, llevan todo el año lanzándose miraditas y esta noche aprovechan para intimar y cuando te das cuenta han desaparecido; y por último mi favorita, la que se pasa con el alcohol, se viene arriba y lo da todo y será la anécdota al día siguiente ¡pobre!.

No se me pueden olvidar las fotos y los selfies: la grupal y formal, con morritos, a lo Oscars de Hollywood,  y la del desfase, que algún poco espabilao colgará en las redes para disgusto del jefe y de sus compañeros.

Pero una cosa os digo, la cena de empresa habrá sido un éxito si al día siguiente nadie de la oficina te mira a los ojos.


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